martes, 8 de marzo de 2016

A una diosa nocturna

  Anoche te pedí, Lucero, no un deseo egoísta, pero sí un pequeño sueño que parecía imposible. Y tu luz, brillante como estaba en esa fresca tarde de jueves, cumplió con mi pedido al día siguiente. Tal vez por creer que eres una diosa, tal vez por azar, pero la persona quien yo amo hoy pareció notar, sólo en breves instantes, mi pequeña presencia, y logró por completo llenarla de armonía y de paz. Y sus ojos se encontraron con los míos, y nerviosos, desviaron su mirada. Esos ojos con los que sueño día y noche. Y esa mirada bastó para hacerme muy feliz; pero sólo me que da callar, puesto que yo en una ocasión herí, ese tierno y dulce corazón, que alguna vez fue mío, y que tal vez, por no comprender sus sentimientos, dejé de sentir.
  Y en esa calurosa tarde de los corazones rotos, el sabía lo que estaba por venir. E inseguro se acercó a mí cuando lo llamé, y en sus ojos temor había, mas no pude verlo por mi ceguera de la confusión. Y loca pasión despierta ahora cuando le veo sonreír, cuando le veo caminar, cuando se sonroja. Y sus ojos se encontraron con los míos, y nerviosos, desviaron su mirada. Y de mis sueños despierto llorando, dulce sueño donde él estaba como antes a mi lado, y tristes las mañanas al recordar, que sólo fue una ilusión.
  ¡Ay lucero! Si supieras de mi sufrimiento sabrías lograrme salvar de esta enfermedad, de este mar de dolor, de este pecho desangrado por amor. ¡Ay, diosa de los deseos, diosa de la esperanza y de la noche!, existente nocturna desde hace millones de años, hazte presente en este día también, para volver a pedirte que quien yo amo con mi corazón, vuelva a posar su mirada en mí, y vea que realmente yo sin él no soy feliz, y que si alguna vez lo fui, sólo fue a su lado, y que al marcharse, llevó una parte de mi que jamás volveré a recuperar.
  Y pensar que alguna vez creí que ya no le amaba, y por la extraña confusión que alguien más me denotaba, creí que lo nuestro era tan sólo un juego de niños.
  Pero ahora ya no puedo hacer nada para remediarlo, no me siento ni con el valor de hablarle, ya que él me trató con tanta dulzura… y yo con tanto desprecio…
  Mi error fue muy grave. Por eso cada noche, Lucero fugaz, pido un pequeño deseo. Y así calmar el dolor que siente mi alma, descubriendo que aquellos ojos, nerviosos al encontrarse con los míos, desvían su mirada.


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