por aquello que los condenaba;
eran furia potenciada,
de la que dolía,
de la que se escondía.
Ellos eran tristeza,
encerrada en lo profundo,
aislados del mundo.
Tristeza ignorada y reprimida;
aquella chispa encendida.
Ellos eran rencor,
del que drena los buenos sentimientos,
de palabras que se lleva el viento;
rencor apoderado de sus corazones,
cegados sin entender razones.
Y eran odio,
deseo de destrucción,
sensación de convicción,
lo que movía su decisión;
lo que moraba con gran desazón.
Ellos eran
oscuridad total.
Y sin embargo,
ellos se amaron.
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