Las manitos pequeñas magulladas,
La cabeza toda amoratada;
Aturdido, trata de esconderse bajo la cama;
Tiembla al escuchar el grito de quien le llama.
Su corazón late deprisa,
Ya que los zapatos del que camina divisa
Frente a él; cierra los ojos al ver elevarse el colchón
Y siente el dolor de sus cabellos por un tirón.
Damián tiene seis pequeños años,
Y llora desconsolado diciendo: “¡Me haces daño!”
Sigue golpeando su cabecita contra las maderas
El padre violento, enceguecido por la borrachera.
El niño había tenido el dulce atrevimiento
De escribir en la pared con sentimiento
“Te quiero, papá” con fibrón y en letras grandes,
Aprendido en el colegio un ratito antes.
Damián pierde el conocimiento para siempre.
Otro niño más, víctima de la muerte.
Víctima de la horrible violencia familiar
Presente en la pequeña ciudad, creciendo sin parar.
Miles de casos que quedan silenciados,
Que quedan impunes, que quedan bien tapados;
Semejante atrocidad que convierte al hombre en asesino
De todos los niños, prescribiendo su Destino.
Quien no llora cuando ya ha pasado,
Quien no habla cuando todo ha terminado;
Mala costumbre humana de acallarse ante la necesidad
Y luchar cuando ya con horror se destapó la verdad.
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