"Las mejores personas se encuentran de formas inesperadas", me dijeron hace poco. Y nunca una frase me pareció tan cierta como estas semanas en las que cambiaron mucho en mí. Cuando conocés a alguien que simplemente te desconcierta, que hacía mucho desistías de encontrar.
Pasar años buscando alguien a quién poder llamar un amigo, alguien en quien contar. Alguien a quién conocer y compartir cosas nuevas. Y todo en vano; caer en desilusiones, en tristezas, en enojo y decepciones. Y terminar perdiendo la fe en las personas...
La pregunta que nunca dejaba de rondar en mi cabeza era: "Pero, al fin y al cabo: ¿qué es un amigo? ¿La gente que conocí a lo largo de mi vida era la que estaba equivocada en la idea de la amistad? ¿O yo espero e interpreto este sentimiento de manera errónea y con más expectativas de las que debería realmente?¿Quién está en lo cierto?"
¿Qué es la amistad? ¿Qué se requiere para ser un amigo? ¿Se lo han preguntado seguido? ¿Alguna vez hicieron un análisis de una amistad? Porque creo fervientemente y con el corazón que un amigo es como si fuera una pareja, un compañero. Y el amor y el cariño se trabajan, y se requiere tareas de mantenimiento, para no perder ese vínculo que te une.
Siempre pensé que mis amigos eran mi prioridad, y que intentaría estar para ellos hasta en los momentos más duros, que sería un apoyo tanto en alegrías como en tristezas, que consentiría con presentes en tanto pudiera hacerlos, y nunca olvidaría intentar sacar sonrisas en cada encuentro. Porque si alguien me considera su amiga, para mí por lo menos, voy a hacer valer con creces ese título. Un enamoramiento no requiere de títulos para amarse, pero uno nunca se puede estar seguro de si la otra persona te considera su amigo, a menos que te lo exprese realmente. A veces creo que hasta es más complejo que amar.
Pero a medida pasaban los años, comencé a sentir que todo en lo que yo siempre había creído era una mentira, que estaba completamente equivocada. A la mayoría de las personas que se cruzaban en mi camino y me ofrecían su amistad les abrí mi corazón y deposité mi confianza ciegamente. Pero tarde o temprano no era lo que parecían o lo que decían ser.
Por mucho tiempo sentí rencor, pero ahora que lo analizo pienso que esas personas, casi todas al menos, no tenían malas intenciones; quizás. Quizás simplemente fue un error de entendimiento.
Quizás su criterio de un "amigo" era diferente al mío y nada más. Quizás mi manera de ver ese sentimiento sea una visión obsoleta, antigua, arcaica...
Y no puedo culpar a alguien por pensar o sentir diferente a mí. Simplemente restaba ser algo más precavida, y conocer más al otro antes de mostrar todo lo que soy, aunque esa sea un arma de doble filo.
Porque hay ciertos casos, como el mío, que una vez que aprendés a encerrar todo tu mundo, todo lo que sos, y mostrar sólo la punta del iceberg, la soledad se te va acostumbrando. Como si fuera una adicción, que al principio te parece que te hace bien, pero con el paso del tiempo te vas dando cuenta de que te está quitando la vida, la esencia; y lo intentás y no podés salir, cual preso que cumplió una larga condena en prisión y al tener la oportunidad de obtener la libertad no la quiere porque no sabría cómo vivir con ella.
Cada uno toma sus decisiones. Tuve muchas oportunidades de poder acercarme a algunas personas que eran potenciales amistades. Pero el miedo, la costumbre y la falta de fe me hizo dar un paso al costado antes de siquiera intentarlo. Ya no sabía cómo hacer para volver a ser yo misma. Me había perdido en el abismo. Y eso dolía tanto, que terminaba por entrar en un estado de bipolaridad: "quiero un amigo, pero no quiero acercarme a nadie". Esto me atormentó por mucho tiempo...
Sin embargo, hace apenas unas semanas estaba centrada en mis pensamientos, cuando simplemente alguien comenzó a hablarme, un poco animada y hasta algo efusiva para ser alguien que nunca había visto en mi vida. Mis nervios comenzaron a formar esa coraza que siempre lograba crear y respondía todo de manera muy cortante, muy robótica. Rápidamente la charla mermó al ella no encontrar grandes respuestas de mí. Teníamos una hora de viaje sentadas juntas y yo tenía miedo de que la charla volviera a comenzar. Y analicé ese temor, me dí cuenta de que era algo a lo que tenía que enfrentarme, era algo que tenía que hacer para liberarme. No sé por qué ella, no sé por qué pensé aquello en ese momento, pero algo torpemente le hice una pregunta, así como si hubiera naufragado y por mucho tiempo no hubiera tenido comunicación con otro ser humano; las palabras me salían a tartamudeos o me costaba pronunciarlas.
Una hora de viaje sin poder parar de hablar. los minutos pasaban y, muy de a poco, percibí en mí cierta comodidad y menos nervios. A medida nos acercábamos a nuestro destino me di cuenta que no quería que fuera una simple charla de micro. Algo me hizo pedir su Facebook y número.
Hoy parece que nos conociéramos de toda la vida. Y encontré a alguien que comparte exactamente mi definición de lo que es ser un amigo.
Entonces, la amistad no se puede definir, no hay forma ni tiene sentido. Porque cada uno lo siente diferente, y porque cada persona le da el valor y el concepto que desea, que aprendió, que le sea más cómodo; cada uno sabrá. Nadie está equivocado, simplemente lo vive diferente.
Mientras tanto, ya quedé en paz conmigo misma. Que mi concepto de amistad siga "arcaico".
Hoy, más que ayer y seguro que menos que mañana, soy un poco más yo.
Me encantó <3
ResponderEliminar