desde aquel primer instante en que te yo te vi;
tus ojos eran el reflejo de tu alma;
consiguieron al instante elevarme de paz y de calma.
Eras la inocencia en carne viva;
el bromista, el incomprensivo que no sabía a dónde iba;
irradiando dulzura delirante,
hermosura divina, ternura constante.
Y te amé con una pasión infinita, indefinida;
quise - y quiero - compartir contigo las cosas de la vida,
disfrutar tus risas, fastidiarme con tus enojos,
conocerte a fondo, apegarme a tu ser como un abrojo.
Anhelo tus caricias, tímidas, perfectas;
adoro tus labios temerosos, tu figura esbelta.
Creo que eres el ángel que protege lo que soy
y tu cariño enorme me acompaña a donde voy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario