el dolor inexplicablemente malo.
Sentir el pecho atravesado con una espada
en el corazón, totalmente agujereado.
Un minuto más, sólo un minuto
que me acerque un poco más a tus brazos.
Es la hora de irte en punto,
regálame otro más de tus ocasos.
La triste soledad espera impaciente
a que te vayas; sabe perfectamente
que mañana volverás imponente
a reclamar tu puesto majestuosamente.
Pero, ¿qué hacer para matar la espera?
Tan lastimera, cicatriz en carne viva.
Sea dios quien realmente quiera
amedrentar mis dolencias atrevidas.
Es que sólo eso pueden ser,
si sé bien que esperaré no más de dos días
para que pueda volverte a ver
y que tus manos sean otra vez mías.
¿Pero quién no ha amado así alguna vez?
Desesperados por el calor del compañero,
enamorados de la cabeza a los pies,
entregando la confianza, siendo sinceros.
¿Quién pudiera pedirme razones
de por qué derramo lágrimas vanas?
Si el amor no tiene explicaciones;
sólo se trata de querer con la locura sana.
Así que déjenme tranquila con mis sentimientos
que sólo ambos por siempre entenderemos.
De este amor tan único que nos deja sin aliento,
que nos hace escribir el cariño que nos profesaremos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario