martes, 8 de marzo de 2016

Los monstruos

  En mi pueblo hay monstruos. Pero no de esos monstruos de los que se cuentan en las historias, o se ven en las películas. Estos son raros, porque andan a todas horas, por el medio de las calles. La gente pasa a su lado, y ni siquiera les prestan atención. Será que ya deben estar acostumbrados, !aunque estos son muy peligrosos! Quizás han pasado tantos años desde que existen, y desde que deambulan por todas partes, que a las personas no les quedó otra que aceptarlos.
  Pero es que no entiendo. ¡Los monstruos se los comen! ¡¡¡SE LOS COMEN!!! Más bien, ellos se meten dentro de sus bocazas solos. Quizás los estén hipnotizando, quizás tengan algún poder que genera atracción en los humanos.
  Yo tengo miedo; cuando salgo con mamá por el centro, ya a varias cuadras los puedo escuchar acercándose. Tienen un rugido feroz que me hace pegar un saltito - un saltito porque yo soy chiquita, porque sino daría un saltote - y me quedo quietita atrás de mi mamá, agarrada muy fuerte de su ropa. Ella se enoja, pero ¿qué puedo hacer? A la noche tengo pesadillas, de que me hipnotizan y me comen. Hay de varios colores: los azul y blanco y los que tienen dibujitos - se quieren hacer los lindos - son los más silenciosos, los más vivos - seguro que rugen menos para comerse más personas -; después los que son blanco solo, que rugen despacito, pero chillan cuando se quedan quietos así pueden comer tranquilos; pero los que más me dan miedo son los azules con amarillo. Uf! Esos sí que se escuchan desde muy lejos y me hacen temblar. Tienen calles específicas por las que pasar, que es donde más se juntan las personas. Pero cada color va para lados distintos, porque claro, cada uno a su casita.
  Vi algunos que habían logrado escaparse, porque a veces caminaban por la calles. Lo raro es que parecía como si nada hubiera pasado. Qué raro que son los grandes, ¡si a mi me hubieran tragado estaría que ni salía de mi casa!
  Antes vivíamos con mi abuelita. Ella se encargaba de ayudarme a vestirme y de que me durmiera escuchando sus cuentos, así nunca tenía pesadillas.
  Pero hace muchos días - mamá me dijo que ya habían pasado dos semanas, pero como no sé cuántos días es eso, digo "muchos días" - un monstruo la hipnotizó y se la comió. Cuando mamá me contó, yo me puse a llorar, a pesar de que ella rezongaba que no llore y que iba a venir de vez en cuando, pero yo estoy segura de que, siendo tan viejita como era, no se iba a poder escapar.
  Todos los días, mamá hacía que hablaba por teléfono con la abuela, y hasta la muy mala me preguntaba si quería hablar con ella. Para hacer que hablaba de mentira, yo siempre le decía que no.
 Un día mamá me levantó temprano, me vistió toda linda, con un vestido rosa, y unos zapatos nuevos. Me hizo dos trencitas, y cuando yo le pregunté a dónde íbamos, después de caminar unas calles y quedándonos paradas en una esquina - tanta pinta tenía que ser porque íbamos a un lugar importante o visitar a alguien - me dijo "vamos a ir a ver a la abuelita".
  De repente escuché a un monstruo azul y amarillo, ¡y supe que la habían hipnotizado a mi mamá! Empecé a chillar, llorar, patalear. Otra gente que también estaba hipnotizada haciendo fila para ser comido y los que pasaban caminando me miraban sorprendidos y después la miraban a mi mamá, que intentaba con desesperación hacer que me callara y me quedara quietecita, pero no podía, porque yo me tiraba al piso y gritaba. ¡Yo no quería que me coman! Llegó el monstruo y se quedó parado, esperando que nos metiéramos en su boca. Mi mamá me hizo entrar por la fuerza. "¡Julieta, hija, por favor! ¿Cómo le vas a tener miedo a los micros? Ya tenés cinco años, ¡estás grande, che!"




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